26 de noviembre de 2013

Vo Nguyen Giap

PH Nº3
El 4 de octubre pasado falleció a los 102 años Vo Nguyen Giap, jefe militar de la revolución vietnamita que condujo la lucha anticolonialista contra Francia, Japón y EEUU junto a Ho Chi Minh.




Como muchos dirigentes revolucionarios de su época no fue ajeno al proceso que terminaría enfrentando a la China de Mao Tse Tung y a la Unión Soviética de Nikita Jruschov y Brezhnev, que tras sucesivos conflictos y discrepancias terminaron en la denuncia de Mao de la URSS como potencia social-imperialista: socialista de palabra e imperialista en los hechos. El propio proceso vietnamita, del que Giap siguió siendo parte tras la muerte de Ho Chi Minh en 1969, tomó posición en este conflicto con la invasión a Camboya en 1979, que dirigía el Khmer Rouge, en una acción que respaldó la URSS y que condenó China. 
Hoy rescatamos y transcribimos un fragmento de la obra de Giap “Armar a las masas revolucionarias, construir el ejército revolucionario” (de 1972), donde expone algunos puntos de vista sobre la cuestión militar en los procesos de liberación, mientras se libraba la fase final de la guerra victoriosa contra la intervención norteamericana. 



(…) Al definir el papel histórico de la clase obrera mundial como sepulturera del capitalismo y constructora de la sociedad comunista, sociedad sin clases en la cual se suprime la explotación del hombre por el hombre, Marx y Engels han mostrado al proletariado la vía más justa para su liberación: la clase obrera, bajo la dirección del partido comunista, debe aliarse estrechamente al campesinado, debe emplear la violencia revolucionaria para destruir el aparato estatal de la burguesía, debe instaurar el Estado de la dictadura del proletariado, servirse de este Estado como instrumento para defender la dominación del proletariado y transformar la sociedad de acuerdo con los principios comunistas.
El problema de la organización militar proletaria se ha planteado, en primer lugar, partiendo de esta gran tarea de lucha revolucionaria del proletariado. Al alzarse para romper sus cadenas y echar por tierra todo el viejo mundo, el proletariado y las masas revolucionarias deben crear necesariamente, en el transcurso de los procesos revolucionarios su propia organización militar.
Es preciso hacerlo, ya que solo una fuerza material puede destruir otra fuerza material; solo el empleo de la violencia permite cumplir la gran tarea histórica de poner fin a la dominación capitalista e instituir la dictadura del proletariado. La clase dominante nunca se retira por voluntad propia de la palestra histórica. El Estado monárquico y el Estado burgués disponen en forma permanente de una importante fuerza armada, que perfecciona constantemente para hacer de ella un instrumento eficaz en la represión del pueblo trabajador del país y en la aplicación de su política de rapiña en el mundo.
Nunca dejan de apoyarse en el aparato militar contrarrevolucionario para sofocar cualquier aspiración a la libertad del proletariado y de las masas trabajadoras y ahogar en sangre su lucha revolucionaria. Engels ha señalado esta “característica fundamental” de la burguesía aún en el período ascendente del capitalismo: “la burguesía ponía de manifiesto a que insensatas crueldades de venganza es capaz de acudir tan pronto como el proletariado se atreve a enfrentarse con ella, como clase aparte con intereses propios y propias reivindicaciones”. El desarrollo del capitalismo, y sus contradicciones internas cada vez más agudas, conducen necesariamente a una creciente tendencia militarista, a la tendencia a inflar las fuerzas armadas contrarrevolucionarias en el aparato del Estado burgués. Engels escribió: “los ejércitos se han convertido en la finalidad principal de los Estados, en un fin en sí; los pueblos ya solo existen para suministrar soldados y sostenerlos. El militarismo predomina y devora a Europa”.
Esta situación obliga al proletariado y a las masas oprimidas a construir una organización militar propia para oponerse a la represión armada del Estado burgués, destruir su aparato militar, aplastar cualquier resistencia por su parte, con el fin de tomar el poder, instaurar el poder revolucionario y defenderlo. Si una organización militar es necesaria en la lucha del proletariado para derrotar a la burguesía ¿de qué forma debe realizarse?
Este es un problema que los maestros del marxismo – leninismo han resuelto en forma completa. Fundadores de la ciencia militar proletaria, Marx y Engels fueron los primeros en sentar las bases teóricas del problema de la forma de organización militar del proletariado, con la siguiente célebre tesis: armar a la clase obrera, sustituir el ejército permanente por el pueblo en armas “los obreros… deben estar armados y tener su organización. Se procederá inmediatamente a armar a todo el proletariado con fusiles, carabinas, cañones y municiones… todo intento de desarme será rechazado, en caso de necesidad, por la fuerza de las armas”. Este ardiente llamado al combate fue lanzado por Marx y Engels en los años 50 del siglo XIX, basándose en la experiencia adquirida al precio de la sangre derramada en la primera gran batalla del proletariado francés contra la burguesía, en 1848 y Marx y Engels lo consideraban un imperativo del programa revolucionario del proletariado, en el momento en que la insurrección y la guerra civil se habían convertido en tareas políticas inmediatas de la revolución en algunos países capitalistas desarrollados de la Europa Occidental.
La historia de los países de Europa a fines del siglo XVIII y mediados del siglo XIX es la historia de las revoluciones democrático – burguesas. En aquel contexto, el proletariado todavía debía aliarse al partido democrático burgués para oponerse a los gobiernos feudales y reaccionarios burgueses en general: no se podía evitar que el resultado victorioso de la revolución llevara provisionalmente a ese partido al poder.
En esta situación Marx y Engels consideraban el armamento del proletariado como una condición sine qua non, no solo para destruir el aparato del Estado de la clase feudal y de la burguesía reaccionaria y asegurar la victoria de la insurrección, sino también para neutralizar más tarde la inevitable duplicidad del partido democrático burgués, que traicionara a los obreros después de llegar al poder. Era, además, una condición indispensable para garantizar y reforzar la posición independiente de la clase obrera en materia política, para defender los resultados de su lucha y crear las condiciones para la realización de la revolución proletaria, poniendo fin a la dominación de la burguesía mediante la utilización de su propio poder.
Marx y Engels tenían la convicción de que, una vez armado, el proletariado dispondría de un poder inconmensurable: lo había comprobado en la revolución de 1848 en París. Marx escribe: “es sabido cómo los obreros, con una valentía y una genialidad sin ejemplo, sin jefes, sin un plan común, sin medios, carentes de armas en su mayor parte, tuvieron en jaque durante cinco días al ejército, a la guardia móvil, a la guardia nacional de París y a la que acudió en tropel de las provincias”.
En cuanto a Engels hizo este elogio: “si cuarenta mil obreros parisienses fueron capaces de oponerse tan vigorosamente a una fuerza cuatro veces más fuerte, ¡cuán grande sería el éxito que se lograría si todos los obreros de París actuasen con disciplina y unidos como un solo hombre!”.
En 1871, Marx y Engels desarrollaron esta idea sobre la base de una aguda recapitulación de las enseñanzas de la Comuna de París, y enunciaron el principio de que la preocupación de cualquier revolución victoriosa debe ser la de destruir el antiguo ejército, disolverlo y sustituirlo por uno nuevo; es decir, sustituir el ejército permanente por el pueblo en armas. Marx escribe: “París, sede central del viejo poder gubernamental y, al mismo tiempo, baluarte social de la clase obrera de Francia… pudo resistir… únicamente porque a consecuencia del asedio se había deshecho del ejército, sustituyéndolo por una guardia nacional cuyo principal contingente lo formaban los obreros. Ahora se trata de convertir este hecho en una institución duradera”.
Marx y Engels demostraron que, en el régimen capitalista, el ejército permanente es el principal instrumento del aparato de dominación burguesa para llevar adelante la guerra contra los trabajadores.
Destruir este ejército permanente significa privar al poder burgués de su instrumento temporal, eliminar el peligro de una resistencia y una contraofensiva de su parte. Al propio tiempo, apoyándose firmemente en las fuerzas de las masas revolucionarias, el proletariado debe edificar y desarrollar rápidamente su propia organización militar, armando a sus propias filas y a las masas revolucionarias, y considerándolas como la única fuerza armada capaz de defender las victorias de la insurrección y desarrollar la revolución. La Comuna de París legó al proletariado mundial esta enseñanza de alcance vital “el primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ejército permanente y sustituirlo por el pueblo armado”.
Marx y Engels apreciaron altamente esta enseñanza sobre la tarea de la clase obrera de destruir el aparato burocrático – militar del antiguo Estado y sustituirlo por una nueva forma de organización, la del Estado proletario, tarea que consideraban como una innovación de gran significado histórico, hasta el punto de que, en el prefacio al manifiesto del Partido Comunista redactado en 1872, la consideraron como enmienda de gran importancia al programa del manifiesto.
Engels había previsto, además, que el armamento del pueblo sería la forma de organización militar del Estado socialista.
Esta previsión se basaba, en primer lugar, en el principio de Marx y Engels según el cual la victoria del socialismo no podía producirse simultáneamente en la totalidad o en la mayoría de los países capitalistas desarrollados. Más aún el régimen socialista, por su naturaleza no es agresivo de modo que no tiene necesidad de un ejército permanente. En cuanto a la defensa de la seguridad interna el pueblo en armas podía hacerse cargo de ella. Engels se apoyaba además en el análisis de la situación de los ejércitos de los distintos países y de la situación del arte y la técnica militares en la segunda mitad del siglo XIX. Francia, Alemania y Rusia eran entonces los únicos países capitalistas desarrollados que contaban con un importante aparato militar; los demás, incluyendo a Gran Bretaña y Estados Unidos, todavía no poseían importantes fuerzas militares. Además, una vez que la revolución proletaria hubiese triunfado en todos o en la mayoría de los países capitalistas desarrollados, las fuerzas militares de las demás naciones capitalistas dejarían de ser potentes. En esta situación, y basándose en la experiencia de la Comuna de París, Engels opinaba que en el régimen socialista, y en virtud de su superioridad, el pueblo, una vez armado, organizado y entrenado militarmente, sería capaz de derrotar al ejército agresor en sus guerras de autodefensa para preservar el Estado socialista.
Después de este análisis, Marx y Engels llegan a la conclusión de que, en el curso de la revolución socialista, el ejército permanente de la burguesía debe ser sustituido por el pueblo en armas.
Marx y Engels estudiaron el problema del armamento de las masas, no solo en la insurrección armada del proletariado y la organización militar del Estado socialista, sino también en las guerras nacionales. Al analizar las guerras, distinguían las guerras justas de la agresión y se colocaban siempre del lado de las guerras justas, de las guerras de liberación, de las guerras de autodefensa de los pueblos oprimidos y agredidos. Engels siguió y estudió con suma atención todas las guerras contemporáneas, sacó de ellas enseñanzas y se esforzó por indicar a los pueblos oprimidos el camino a seguir en la guerra popular para destruir el ejército profesional de los agresores. En muchos de sus estudios sobre la historia de la guerra, Engels habló ampliamente del papel y de la eficacia considerable de las masas armadas en las guerras justas, en las guerras de autodefensa. Esta idea de Engels estaba estrechamente ligada al nuevo método de guerra popular preconizado por él: “un pueblo que quiera conquistar su independencia no debe ceñirse a los métodos ordinarios de guerra. Las insurrecciones de masas, las guerras revolucionarias, los destacamentos guerrilleros por todas partes: he ahí el único método de combate gracias al cual una nación pequeña puede vencer a una más grande, un ejército pequeño puede enfrentarse a un ejército más poderoso y mejor organizado”.
Las grandes masas populares armadas son precisamente las fuerzas básicas para aplicar este tipo de guerra.
Engels alabó entusiásticamente las resistencias francesas de (1793), española (1807-1812), la de Rusia contra Napoleón (1812), la de Hungría contra Austria (1849), etc., en las cuales se había aplicado el método de guerra del pueblo, coordinando las operaciones del ejército permanente con las actividades militares de las masas armadas, lo que permitió desarrollar la considerable fuerza del pueblo y del país con el fin de poner en jaque a los ejércitos de agresión más fuertes.
Al analizar la derrota de los piamonteses en el norte de Italia, en su guerra de autodefensa contra las tropas austriacas Engels dijo: “de inicio, fue un enorme error que los piamonteses enfrentasen un simple ejército regular a los austriacos; que con él quisiesen llevar a cabo una guerra honesta, burguesa, corriente”. Engels señaló que la derrota de los piamonteses en Novara “no hubiese tenido la menor importancia si a la batalla perdida hubiese seguido inmediatamente la verdadera guerra revolucionaria, si el resto del ejército italiano se hubiese incorporado inmediatamente como núcleo del levantamiento nacional de masas, si la honesta guerra estratégica del ejército se hubiese transformado en una guerra popular, como lo hicieron los franceses en 1793”, si el gobierno de Turín tenía el coraje de adoptar medidas revolucionarias y se atrevía a lanzar al pueblo en una guerra revolucionaria. Engels llegó a la conclusión de que la pérdida de la independencia de Italia se debió a la cobardía del gobierno real y no a la invencibilidad de las tropas austriacas.
Una conclusión semejante sacó al comentar la guerra franco – prusiana de 1871. Según él, Francia hubiera sido perfectamente capaz de invertir la situación aún después de que las tropas alemanas habían ocupado la sexta parte de su territorio y sitiado las plazas fuertes de Metz y París. Engels demostró que, en el momento en que la casi totalidad de las fuerzas alemanas estaban empeñadas en las regiones ocupadas, Francia en los 5/6 restantes de su territorio, estaba todavía en condiciones de reunir suficientes unidades armadas para hostigar al enemigo, cortarle sus vías de comunicación, destruir sus bases logísticas y atacar sus destacamentos aislados, obligándolo así a dispersar sus fuerzas y a retirar una parte de sus tropas de las fortalezas para hacer frente a la situación, de modo que Bazaine pudiera huir de Metz y que el sitio de París se convirtiera simplemente en un “fantasma”.
Engels cita también el alzamiento de las masas armadas, de las unidades no permanentes y de los destacamentos armados de Asia que, con sus multiformes métodos de guerra popular, eran temibles adversarios de los ejércitos agresores de tipo europeo. Escribe: “en masa y a sangre fría [los chinos] envenenan el pan de la colonia europea de Hong Kong… hasta los culís que emigran a tierras lejanas se sublevan, como por acuerdo, a bordo de cualquier barco de emigrantes; luchan por apoderarse de él y prefieren hundirse con la nave, o sucumbir entre las llamas, a entregarse. Incluso fuera de China, los residentes chinos, hasta ahora los más sumisos y humillados súbditos, conspiran y realizan sorpresivos levantamientos nocturnos…” y seguidamente pregunta: “¿Qué puede hacer un ejército regular para enfrentarse a un pueblo que libra una guerra con estos multifacéticos métodos?” veamos así claramente que el punto de vista inicial de los fundadores del comunismo científico sobre la organización militar del proletariado y las masas oprimidas, es el armamento de la clase obrera, el armamento del pueblo, el armamento de las masas revolucionarias. Marx y Engels sentaron las bases teóricas de este problema en la insurrección por la conquista de la dictadura del proletariado, en la guerra por la defensa del estado socialista, y también en la guerra de liberación, en la guerra de autodefensa de los pueblos oprimidos en los países agredidos, bajo el régimen político burgués. (…)
En los regímenes donde dominan las clases explotadoras, a causa del antagonismo entre los intereses de la clase dominante y los de las masas laboriosas, existe una oposición fundamental entre las masas populares, de una parte, y el estado con su ejército permanente, de la otra. El estado explotador ve en el pueblo revolucionario armado un peligro para sí. En general, los gobiernos reaccionarios prefieren perder el país antes que armar al pueblo. Como observó Engels, prefieren un compromiso con sus enemigos más crueles pero de su misma extracción, que una alianza con el pueblo. Desde luego, han ocurrido casos en que la clase feudal y la burguesía, cuando todavía desempeñaban un papel históricamente progresista y conservaban una conciencia nacional, armaron a las masas para que combatieran contra las tropas de agresión junto con el ejército permanente. Pero incluso en estos casos el armamento de las masas era limitado.
En el régimen socialista la situa ción es totalmente distinta. Las clases explotadoras han sido derrocadas, el régimen de explotación del hombre por el hombre ha sido abolido, se ha instaurado la propiedad del pueblo y la propiedad colectiva, se ha establecido el derecho del pueblo trabajador a ser dueño colectivo.
La tarea que corresponde a las fuerzas armadas socialistas –instrumento de violencia principal del estado de dictadura del proletariado- es la de reprimir y combatir a los enemigos internos y externos, y defender el nuevo régimen y los intereses del pueblo trabajador. Esta alta unidad político-moral en la sociedad nueva y las fuerzas materiales y técnicas crecientes del socialismo, son las bases más sólidas para edificar las fuerzas armadas revolucionarias modernas, de nuevo tipo, para desarrollar la fuerza combativa global del ejército revolucionario y de las masas armadas. Las fuerzas armadas del estado socialista, son las primeras en la historia que engloban a los obreros y los campesinos convertidos verdaderamente en los amos de su destino dotados de una conciencia política elevada, dispuestos a sacrificarlo todo por los ideales socialistas y comunistas. Estas son unas fuerzas armadas invencibles. (…)

Nuestro ejército será, ante todo y para siempre, un ejército verdaderamente revolucionario y popular. Es éste un principio básico de la teoría de nuestro partido acerca de la edificación del ejército, y debemos tenerlo siempre presente, cualquier circunstancia.
La fuerza combativa de un ejército revolucionario es el resultado de estos factores: la conciencia revolucionaria, la moral de los cuadros y combatientes, la organización racional del equipo técnico de las tropas, el nivel técnico y táctico de los combatientes, el nivel de la ciencia y del arte militar, las capacidades de dirección y mando de los cuadros… esta fuerza es el producto de la alianza dialéctica entre el hombre y el armamento, entre la política y la técnica, entre la ciencia militar y los medios de guerra, entre la ideología y la organización.
Sin una buena moral, o con una moral baja, no puede haber energía revolucionaria creadora, ni actos de combate eficaces, ni bases para desarrollar la fuerza de los factores materiales y técnicos y del arte de combatir… aun cuando estuviera bien organizado, equipado y entrenado, un ejército sería fácilmente vencido si su moral dejara que desear. Sin embargo, no es posible dar cuenta del enemigo sólo con una buena moral. Aun con una buena moral, si el equipo técnico es mediocre, si la organización de las tropas es irracional, si los métodos de combate no son apropiados, no se puede desarrollar una gran fuerza combativa, y el factor moral no podría actuar plenamente y transformarse en una fuerza material considerable, susceptible de vencer al enemigo en el campo de batalla.
Lenin ha insistido en el papel eminente de la moral en la guerra: “en toda guerra, la victoria se condiciona, en último término, por el estado anímico de las masas, que derraman su sangre en el campo de batalla” Y añadía: “El mejor ejército, los hombres más leales a la causa de la revolución serán de inmediato aniquilados por el enemigo si no están bien armados, bien abastecidos y adiestrados”.
Así, cuando se considera la fuerza combativa de un ejército, hay que comprender bien la unidad dialéctica de estos factores. Es un error evidente poner el acento en el factor material, técnico, y considerarlo como decisivo. A la inversa, también es erróneo insistir únicamente en el factor político – moral y separarlo del factor material.
Al precisar la importancia de los factores que componen la fuerza combativa de un ejército revolucionario, estimamos que el factor fundamental es el elemento político – moral, la moral de los cuadros combatientes, la conciencia del ejército en cuanto al ideal revolucionario, al objetivo de la lucha, al fin político de la guerra.
En la guerra, “el hecho de que las masas tengan conciencia de las finalidades y las causas de la guerra tiene una enorme importancia y garantiza la victoria”. Cuando los cuadros y combatientes de un ejército revolucionario poseen una alta conciencia de los intereses clasistas y los intereses nacionales, están siempre dispuestos a sacrificarse por la independencia, la libertad y el socialismo, sólo muestran un deseo y una voluntad en el campo de batalla: vencer al enemigo, y están animados de una energía y una fortaleza extraordinaria. La historia de la lucha y del crecimiento de nuestro ejército, que a partir de nada ha logrado llegar a vencer a los imperialismos más feroces de la época, confirma elocuentemente esta tesis de Lenin. (…)